Por Alcoba Cómplice · 5 min de lectura

Suelo pélvico débil o demasiado tenso: cómo saber cuál es tu caso

Llevas semanas haciendo Kegel. Los haces en el coche, en la cola del supermercado, viendo la televisión. Y no solo no mejoras: hay días en que parece que estás peor.

Antes de que lo pienses, te lo decimos nosotras: no es falta de constancia.

Puede que estés entrenando exactamente lo contrario de lo que tu cuerpo necesita.

El mito que nadie desmonta: Kegel no siempre es la respuesta

Se ha extendido la idea de que el suelo pélvico es como el bíceps: cuanto más lo aprietes, mejor. Y que si algo va mal ahí abajo, la solución universal son los ejercicios de Kegel.

No es así. El suelo pélvico puede fallar por dos motivos opuestos:

  • Hipotonía: el músculo está débil y no sostiene lo que debería.
  • Hipertonía: el músculo está permanentemente contraído y no sabe soltar.

Los dos dan problemas. Los dos pueden provocar pérdidas de orina. Y el tratamiento de uno empeora el otro.

Si tienes hipertonía y te pasas el día contrayendo, estás pidiéndole a un músculo agotado que apriete todavía más. Es como tratar una contractura de cuello levantando pesas.

Cómo se manifiesta la debilidad

La hipotonía es lo que la mayoría imagina cuando piensa en «suelo pélvico». Sus señales más frecuentes:

  • Se te escapa la orina al toser, estornudar, reír o saltar.
  • Notas urgencia repentina y no siempre llegas a tiempo.
  • Sensación de peso o bulto en la zona vaginal, sobre todo al final del día.
  • Menos sensibilidad durante las relaciones, o sensación de menor tono.
  • Dificultad para retener gases.

Es habitual después del parto, tras la menopausia, con sobrepeso, o después de años de deportes de impacto sin trabajo preventivo.

Cómo se manifiesta el exceso de tensión

La hipertonía es mucho menos conocida y por eso se diagnostica tarde. Sus señales:

  • Dolor o escozor durante la penetración, o imposibilidad de que ocurra.
  • Dolor al ponerte un tampón o en la revisión ginecológica.
  • Te cuesta empezar a orinar, o el chorro sale débil e intermitente.
  • Sensación de no vaciar del todo la vejiga.
  • Estreñimiento persistente o dolor al defecar.
  • Dolor al estar sentada mucho rato.
  • Molestias en la zona del coxis, las ingles o la parte baja del abdomen.

Aparece con frecuencia asociada a estrés sostenido, ansiedad, cirugías pélvicas, endometriosis, o simplemente a años de aguantar el pis y meter tripa.

Por qué se confunden tan a menudo

Aquí está el nudo del asunto: un suelo pélvico hipertónico también puede provocar pérdidas de orina.

Un músculo que vive contraído está fatigado. Y un músculo fatigado no responde bien cuando de verdad hace falta —al toser, al estornudar—. El síntoma que ves es el mismo que en la debilidad, pero la causa es la contraria.

Por eso hay mujeres que llevan un año haciendo Kegel religiosamente y no notan nada. Están fortaleciendo algo que no necesita fuerza, sino aprender a soltar.

Lo mismo vale para cualquier accesorio de entrenamiento. Si estabas pensando en empezar con bolas chinas, léelo con esto en la cabeza: son entrenamiento de fuerza, y en un suelo pélvico hipertónico añaden tensión a un músculo que ya no sabe soltar.

La parte honesta: no puedes saberlo con certeza tú sola

Vas a encontrar por internet listas de autotests. «Intenta cortar el chorro de orina». «Introduce un dedo y aprieta». «Cuenta cuántos segundos aguantas».

Te decimos lo que casi nadie te dirá: esos tests no son fiables, y algunos son directamente contraproducentes.

Cortar el chorro de orina de forma repetida, por ejemplo, puede alterar el reflejo de vaciado y favorecer infecciones. Se usa como referencia puntual para localizar el músculo, no como ejercicio ni como prueba.

Y el problema de fondo es otro: el suelo pélvico no es un músculo, es un conjunto de capas que trabajan en coordinación con el diafragma, el abdomen y la postura. Puedes tener zonas débiles y zonas tensas a la vez. Autodiagnosticarte con una lista de síntomas es como decidir qué te pasa en la rodilla mirando dónde te duele.

La única forma de saberlo es una valoración con un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico.

Qué pasa realmente en una valoración

Lo decimos porque sabemos que es la parte que frena a muchas mujeres, y el miedo suele venir de no saber qué esperar.

Una primera consulta suele incluir una entrevista larga —hábitos, antecedentes, partos, síntomas—, una observación postural y una valoración manual interna. Esa parte es breve, se hace con guante y lubricante, y sirve para comprobar el tono muscular, la fuerza, la coordinación y si hay puntos de dolor.

Puedes decir que no a la valoración interna. Puedes pararla en cualquier momento. Y puedes pedir que te expliquen cada paso antes de hacerlo.

Del resultado sale un plan concreto: si hay que fortalecer, si hay que relajar, o —lo más común— las dos cosas en un orden determinado.

Busca profesionales con formación específica en suelo pélvico y número de colegiado visible. No todos los fisioterapeutas trabajan esta área.

Qué puedes hacer mientras tanto

Sin saber qué tienes, lo prudente es no forzar en ninguna dirección. Pero hay cosas que ayudan en ambos casos:

  • Respirar bien. El diafragma y el suelo pélvico trabajan juntos: al inspirar, el suelo pélvico desciende; al espirar, sube. Respirar de forma diafragmática, sin meter tripa, ya moviliza la zona.
  • Dejar de aguantar el pis. Ni ir «por si acaso» cada vez que pasas por un baño. Ambos extremos desajustan el reflejo.
  • No hacer fuerza al defecar. Un taburete bajo los pies cambia el ángulo y reduce el esfuerzo.
  • Revisar cómo cargas peso. Espirar al hacer el esfuerzo, no aguantar la respiración.
  • Soltar el abdomen. Meter tripa de forma permanente aumenta la presión sobre el suelo pélvico.

Nada de esto sustituye a una valoración. Pero ninguna de estas cosas te va a perjudicar, y eso es más de lo que puede decirse de hacer Kegel a ciegas.

Cuándo no esperar

Pide cita médica sin dejarlo pasar si notas:

  • Un bulto que asoma o se palpa en la entrada vaginal.
  • Dolor pélvico persistente que no cede.
  • Sangrado fuera de tu ciclo.
  • Pérdidas de orina o heces que aparecen de forma repentina.
  • Imposibilidad de orinar.

Esto son motivos de consulta médica, no de fisioterapia en primera instancia.

Lo que queremos que te lleves

Que no notes resultados no significa que hayas hecho algo mal. Significa que probablemente nadie te dijo que había dos problemas posibles, y que uno de ellos empeora con el ejercicio que te recomendaron.

El suelo pélvico es el único músculo que se nos pide entrenar sin verlo, sin sentirlo bien y sin que nadie compruebe si lo estamos haciendo correctamente. Con cualquier otro músculo del cuerpo eso nos parecería absurdo.

Antes de entrenar, saber qué entrenas. Ese es todo el mensaje.


Si quieres seguir tirando del hilo

El suelo pélvico es solo una parte. En La Guía del Placer Silencioso encontrarás cinco rituales de reconexión con tu cuerpo —contexto y estrés, deseo receptivo, mapa sensorial, comunicación— y un sexto dedicado precisamente a esto. Es gratis y llega a tu correo en PDF.


Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye una consulta con un profesional sanitario. Si tienes síntomas, acude a tu médico o a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico.

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