El Diccionario Cómplice

El idioma de tu cuerpo, sin eufemismos

Treinta y tres términos de salud íntima, suelo pélvico, respuesta sexual y materiales, definidos en lenguaje claro y con criterios clínicos actualizados.

Este diccionario existe por un motivo concreto: lo que no se puede nombrar no se puede consultar. Muchas mujeres llegan a la consulta describiendo síntomas con rodeos, y salen con respuestas igual de vagas. Tener la palabra exacta cambia la conversación, cambia el diagnóstico y a veces cambia los años que se tarda en llegar a él.

No sustituye a un profesional sanitario. Sirve para llegar a él sabiendo qué preguntar.

Anatomía

Vulva

No confundir con: vagina

La vulva es el conjunto de los genitales externos: monte de Venus, labios mayores y menores, clítoris y su capuchón, vestíbulo, y las aberturas uretral y vaginal. La vagina es otra cosa: el conducto interno que va del vestíbulo al cuello del útero.

Por qué importa la diferencia

No es purismo lingüístico. Casi todo lo que duele, pica o cambia de aspecto ocurre en la vulva, no en la vagina. Llamar «vagina» a todo el conjunto hace que se describan mal los síntomas y que se busque en el sitio equivocado. Las encuestas de conocimiento anatómico realizadas en distintos países coinciden en que una proporción alta de mujeres no identifica correctamente estas estructuras en un diagrama.

Clítoris

Órgano eréctil cuya única función conocida es el placer. Lo visible —el glande, bajo el capuchón— es una fracción pequeña. Su estructura completa incluye cuerpo, pilares y bulbos vestibulares, y mide entre nueve y doce centímetros, rodeando la uretra y el tercio externo de la vagina.

Lo que casi nadie cuenta

Su anatomía interna completa no se describió con detalle hasta los trabajos de la uróloga australiana Helen O'Connell, ya muy avanzado el siglo XX. Durante décadas los manuales lo representaron como un punto. Eso explica buena parte de la confusión que todavía existe sobre qué se estimula durante la penetración.

Perineo

Región anatómica entre la vulva y el ano que forma la superficie externa del suelo pélvico. Es la zona que se distiende en el parto y donde se producen los desgarros y la episiotomía.

En la práctica

El masaje perineal en las últimas semanas de embarazo cuenta con evidencia razonable para reducir el traumatismo perineal en el parto. Es una de las pocas intervenciones preventivas que la mujer puede hacer por sí misma.

Suelo pélvico

Conjunto de músculos, ligamentos y fascias que cierran la pelvis por su parte inferior y sostienen la vejiga, el útero y el recto. Participa en la continencia urinaria y fecal, en el parto, en la estabilidad lumbopélvica y en la respuesta orgásmica.

La idea clave

No es un músculo, son varias capas que trabajan en coordinación con el diafragma, el abdomen profundo y la postura. Al inspirar desciende; al espirar, asciende. Por eso la respiración es la puerta de entrada a cualquier trabajo de suelo pélvico, antes que la fuerza.

Puede fallar por dos motivos opuestos: por debilidad (hipotonía) o por exceso de tensión (hipertonía). Los síntomas se solapan y el tratamiento de uno empeora el otro. Cómo distinguirlos.

Punto G

También: complejo clitorouretrovaginal

Zona de sensibilidad aumentada en la pared vaginal anterior, a unos pocos centímetros de la entrada. La evidencia anatómica actual no respalda que sea una estructura independiente.

Qué dice la anatomía

Lo que se estimula ahí es probablemente el conjunto formado por las raíces internas del clítoris, la uretra y la pared vaginal, de ahí el nombre técnico. Que no sea un «botón» no significa que la sensación no sea real: significa que buscarlo como si fuera un punto concreto es una forma poco útil de plantearlo.

Dolor y disfunciones

Trastorno de dolor génito-pélvico y de la penetración

Siglas en inglés: GPPPD

Diagnóstico que agrupa lo que antes se clasificaba por separado como vaginismo y dispareunia. Tanto el DSM-5 como la CIE-11 los unificaron al constatar que en la práctica clínica ambos cuadros se solapan.

Por qué se fusionaron

Porque se retroalimentan. Una mujer con dolor repetido desarrolla miedo y tensión muscular anticipatoria; una mujer con contracción refleja acaba teniendo dolor cuando la penetración ocurre. Separarlos obligaba a elegir una etiqueta que casi nunca describía el cuadro completo.

Vaginismo

Contracción involuntaria y refleja de la musculatura que rodea la entrada vaginal ante el intento de penetración, sea sexual, con un tampón o en una exploración ginecológica. No es una decisión consciente ni indica rechazo a la pareja: es una respuesta protectora del sistema nervioso.

Las cifras, con cautela

Las estimaciones de prevalencia varían enormemente según la definición y la población estudiada: desde menos del 3 % en algunos estudios hasta el 5-17 % en otros. Esa dispersión dice más sobre lo difícil que es medirlo que sobre lo raro que sea. Donde sí hay consenso es en que está infradiagnosticado.

Tiene tratamiento. El abordaje habitual combina fisioterapia de suelo pélvico, trabajo gradual de desensibilización y, cuando hay componente emocional, terapia psicosexual. No es algo con lo que haya que convivir.

Dispareunia

Dolor genital persistente o recurrente asociado a la penetración, antes, durante o después. Se distingue entre superficial —en la entrada, al inicio— y profunda —en la pelvis, con la penetración completa—, y esa distinción orienta mucho el diagnóstico.

Causas frecuentes

Sequedad y atrofia, hipertonía del suelo pélvico, vestibulodinia, endometriosis, cicatrices de parto o cirugía, infecciones, y efectos de algunos fármacos. Rara vez hay una sola causa, y esa es precisamente la razón por la que necesita valoración en vez de autodiagnóstico.

El dolor no se aguanta. Ni es normal después del parto, ni con la edad, ni «hay que acostumbrarse». Es un síntoma, y los síntomas se consultan.

Vulvodinia y vestibulodinia

Dolor vulvar crónico de más de tres meses sin una causa identificable tras descartar infecciones, dermatosis y otras patologías. Cuando se localiza en el vestíbulo —la zona de la entrada— y aparece solo al contacto o la presión, se denomina vestibulodinia.

Lo que suele pasar antes del diagnóstico

Es habitual acumular varios tratamientos antifúngicos sin resultado, porque el picor y el escozor se confunden con candidiasis de repetición. Si te han tratado varias veces por hongos sin mejoría real, ese patrón en sí mismo es información que merece llevar a consulta.

Endometriosis

Presencia de tejido similar al endometrio fuera de la cavidad uterina, que responde a los cambios hormonales del ciclo y provoca inflamación, adherencias y dolor. Cursa con reglas muy dolorosas, dolor pélvico crónico y con frecuencia dispareunia profunda.

El problema del retraso diagnóstico

Las revisiones internacionales sitúan la demora media en varios años desde el primer síntoma hasta el diagnóstico. La causa habitual es la normalización del dolor menstrual, tanto por parte de la paciente como del entorno sanitario. Una regla que te impide hacer vida normal no es una regla normal.

Suelo pélvico

Hipotonía del suelo pélvico

También: debilidad del suelo pélvico

Pérdida de fuerza y de capacidad de sostén de la musculatura pélvica. Es lo que la mayoría imagina al oír «suelo pélvico»: se asocia a pérdidas de orina al esfuerzo, sensación de peso, menor tono percibido y dificultad para retener gases.

Cuándo aparece

Tras el parto, en la menopausia, con sobrepeso mantenido, con estreñimiento crónico y tras años de deporte de impacto sin trabajo preventivo. Aquí sí, el trabajo de fuerza es el tratamiento.

Hipertonía del suelo pélvico

Estado de contracción muscular excesiva y sostenida en el que los músculos no consiguen relajarse por completo. Se asocia a dolor en la penetración, dificultad para iniciar la micción, estreñimiento, dolor al estar sentada y molestias lumbopélvicas.

La confusión más costosa

Un suelo pélvico hipertónico también puede provocar pérdidas de orina, porque un músculo permanentemente contraído está fatigado y no responde cuando hace falta. El síntoma es idéntico al de la debilidad, la causa es la contraria, y el tratamiento también.

Aquí los Kegel están contraindicados. Pedirle a un músculo agotado que apriete más agrava el cuadro. Cómo saber cuál es tu caso.

Ejercicios de Kegel

Contracciones voluntarias y repetidas de la musculatura del suelo pélvico destinadas a ganar fuerza y resistencia. Deben su nombre al ginecólogo Arnold Kegel, que los describió a mediados del siglo XX.

La letra pequeña

Funcionan cuando el problema es de debilidad, están contraindicados cuando es de exceso de tensión, y una parte importante de quienes creen estar haciéndolos está contrayendo glúteo y abdomen en su lugar. Hacerlos sin saber cuál es tu caso ni si los ejecutas bien es entrenar a ciegas.

Incontinencia urinaria de esfuerzo

Pérdida involuntaria de orina al aumentar la presión abdominal: al toser, reír, estornudar, saltar o levantar peso. No va precedida de sensación de urgencia, a diferencia de la incontinencia de urgencia.

Frecuente no es lo mismo que normal

Es muy común tras el parto y en la menopausia, y precisamente por eso se asume como inevitable. El entrenamiento supervisado de la musculatura pélvica es tratamiento de primera línea, con evidencia sólida, y funciona a cualquier edad.

Prolapso de órganos pélvicos

Descenso de la vejiga, el útero, el recto o la cúpula vaginal hacia el interior de la vagina por fallo de las estructuras de sostén. Se percibe como bulto, presión o sensación de peso, típicamente peor al final del día o tras estar de pie mucho rato.

Qué hacer

Tiene grados, y no todos requieren cirugía. Los leves y moderados responden a fisioterapia, cambios en la gestión de presiones y, en algunos casos, pesarios. Notar un bulto en la entrada vaginal es motivo de consulta, no de espera.

Diástasis abdominal

También: diástasis de rectos

Separación de los músculos rectos del abdomen por distensión de la línea alba, el tejido que los une por el centro. Es normal al final del embarazo; se considera problemática cuando persiste y la línea alba no genera tensión.

Su relación con el suelo pélvico

Abdomen, diafragma y suelo pélvico forman un sistema de presiones. Si el abdomen no contiene, la presión se descarga hacia abajo. Por eso los abdominales clásicos tras el parto pueden empeorar tanto la diástasis como el suelo pélvico.

Deseo y respuesta sexual

Deseo espontáneo y deseo receptivo

El deseo espontáneo aparece por sí solo, antes de cualquier estímulo. El deseo receptivo aparece después, como respuesta a la excitación física. Ninguno de los dos es más sano ni más normal que el otro.

De dónde viene el concepto

La ginecóloga Rosemary Basson describió un modelo circular de la respuesta sexual femenina en el que se parte de una neutralidad, el estímulo genera excitación y el deseo llega detrás. Lo que los modelos anteriores etiquetaban como deseo hipoactivo resultó ser, en muchos casos, simplemente otro patrón de funcionamiento.

Consecuencia práctica: esperar a «tener ganas» antes de empezar es, para muchas mujeres, esperar algo que solo llega si se empieza.

Modelo de doble control

También: aceleradores y frenos

Modelo según el cual la respuesta sexual depende de dos sistemas independientes: uno excitatorio, que se activa con lo que resulta estimulante, y otro inhibitorio, que se activa con lo que resulta amenazante o distractor. Formulado por John Bancroft y Erick Janssen.

Por qué explica tanto

Porque desplaza el foco. La pregunta útil deja de ser «qué me excita» y pasa a ser «qué me está frenando»: prisa, cansancio, ruido, una puerta sin pestillo, la sensación de estar siendo evaluada. Con el freno pisado, el acelerador no sirve de nada.

Excitación no concordante

Falta de correspondencia entre la respuesta genital y la experiencia subjetiva de deseo. Puede haber lubricación sin apetencia, y apetencia sin lubricación. Los estudios que miden ambas cosas a la vez encuentran de forma consistente que la correlación es baja.

Por qué conviene saberlo

Porque despeja dos malentendidos frecuentes y opuestos: que la lubricación demuestre consentimiento o deseo, y que su ausencia demuestre desinterés. El cuerpo y la cabeza no siempre van sincronizados, y eso no significa nada malo sobre ninguno de los dos.

Libido

Interés o apetencia sexual. Fluctúa con el ciclo hormonal, el estrés, la calidad del sueño, la medicación, la etapa vital y el contexto de la relación.

No hay una cifra normal

No existe una frecuencia de referencia. El criterio clínico no es cuánto deseo hay, sino si su nivel genera malestar a la persona. Fármacos como algunos antidepresivos, anticonceptivos hormonales y antihipertensivos pueden reducirla, y eso se puede consultar y a menudo ajustar.

Orgasmo

Descarga refleja de la tensión sexual acumulada, acompañada de contracciones rítmicas de la musculatura pélvica y de cambios cardiovasculares y de percepción. Su intensidad y su forma varían enormemente entre personas y entre ocasiones.

Dos precisiones útiles

La mayoría de las mujeres necesita estimulación del clítoris para llegar al orgasmo; la penetración por sí sola resulta insuficiente en una proporción alta de casos, y eso es una descripción estadística, no un defecto. Y no es el objetivo obligatorio de un encuentro: convertirlo en meta es una de las formas más eficaces de activar el freno.

Anorgasmia

Dificultad persistente o imposibilidad de alcanzar el orgasmo pese a una estimulación adecuada y un nivel suficiente de excitación. Se llama primaria cuando nunca se ha experimentado y adquirida cuando aparece después de haberlo hecho.

Qué mirar primero

Medicación —los ISRS son la causa iatrogénica más frecuente—, tipo y duración de la estimulación, nivel de ansiedad de rendimiento y contexto. En la anorgasmia primaria, el trabajo de autoconocimiento en solitario suele ser el punto de partida antes que cualquier otra cosa.

Menopausia y cambios hormonales

Menopausia y perimenopausia

La menopausia es el cese definitivo de la menstruación, confirmado de forma retrospectiva tras doce meses consecutivos sin regla. La perimenopausia es la etapa de transición previa, que puede durar varios años y concentra la mayoría de los síntomas.

Un matiz que confunde mucho

La menopausia es un día concreto en el calendario, no una etapa. Lo que se vive como «tener la menopausia» es casi siempre perimenopausia o posmenopausia. Nombrarlo bien ayuda a saber en qué punto se está.

Síndrome genitourinario de la menopausia

Siglas: SGM. Antes llamado atrofia vulvovaginal

Conjunto de cambios crónicos de la vulva, la vagina y el tracto urinario inferior derivados del descenso estrogénico: sequedad, ardor, irritación, dispareunia, urgencia urinaria e infecciones de repetición. El término se consensuó para sustituir a «atrofia vulvovaginal», que solo describía una parte del cuadro.

La diferencia con otros síntomas

Los sofocos tienden a atenuarse con el tiempo. El SGM no: sin tratamiento es progresivo. Esa es la razón por la que conviene consultarlo pronto y no esperar a que pase solo.

Es tratable. Hidratantes vaginales de uso regular, lubricantes para las relaciones y, cuando está indicado, tratamiento hormonal local. La decisión es médica, pero la consulta la inicias tú.

Atrofia vulvovaginal

Adelgazamiento, pérdida de elasticidad y sequedad de los tejidos vulvares y vaginales por reducción de estrógenos. Los tejidos se vuelven más frágiles y sensibles al roce.

Nota terminológica

El término sigue usándose, pero la nomenclatura actual lo integra dentro del síndrome genitourinario de la menopausia. Si tu informe médico dice «atrofia», se refiere a este cuadro.

Sequedad vaginal

Reducción de la lubricación natural que provoca picor, escozor, molestias al rozar o dolor en la penetración.

No es solo cosa de la menopausia

Aparece también con el estrés sostenido, durante la lactancia, con algunos anticonceptivos hormonales, con antidepresivos y antihistamínicos, y tras tratamientos oncológicos. Que ocurra a los treinta no significa que algo vaya mal de forma irreversible: significa que hay una causa que se puede identificar.

Hidratante y lubricante no son lo mismo. El hidratante se usa de forma regular y actúa sobre el tejido; el lubricante se usa en el momento y actúa sobre la fricción. Muchas mujeres necesitan los dos.

Infecciones y piel

Microbiota vaginal

También: flora vaginal

Comunidad de microorganismos que habita la vagina, dominada en condiciones normales por lactobacilos que producen ácido láctico y mantienen un pH ácido, entre 3,8 y 4,5, que actúa como barrera protectora.

Cómo se altera

Duchas vaginales, jabones perfumados dentro de la vulva, antibióticos, tabaco y algunos cambios hormonales. La vagina se autolimpia: lavarla por dentro es la forma más rápida de romper lo que la protege. Por fuera, agua y a lo sumo un jabón de pH adecuado.

Candidiasis vaginal

Infección por hongos del género Candida, con picor intenso, flujo espeso blanquecino sin mal olor, enrojecimiento y escozor al orinar. Es muy frecuente y en la mayoría de los casos responde bien al tratamiento antifúngico.

La trampa del autodiagnóstico

El picor vulvar tiene muchas causas, y la candidiasis es solo una. Tratarse por cuenta propia de forma repetida retrasa el diagnóstico de vulvodinia, liquen escleroso o dermatitis. Si has hecho varios tratamientos sin mejoría real, el siguiente paso es una consulta, no otra caja.

Vaginosis bacteriana

Desequilibrio de la microbiota vaginal en el que los lactobacilos ceden terreno a otras bacterias. Cursa con flujo grisáceo, fluido y con olor característico, más perceptible tras las relaciones. Suele haber poco picor, a diferencia de la candidiasis.

Precisión importante

No es una infección de transmisión sexual, aunque la actividad sexual influye en el equilibrio de la microbiota. Requiere tratamiento antibiótico prescrito y tiene tendencia a recurrir, lo que hace especialmente contraproducentes las duchas vaginales.

Liquen escleroso

Enfermedad inflamatoria crónica de la piel que afecta con frecuencia a la vulva. Produce placas blanquecinas y brillantes, picor intenso —a menudo peor de noche—, fisuras y, con el tiempo, cambios en la anatomía vulvar.

Por qué no conviene esperar

Es una condición crónica que requiere diagnóstico, tratamiento con corticoide tópico y seguimiento a largo plazo. Sin tratar puede producir cambios anatómicos irreversibles y precisa control periódico. El picor vulvar persistente que no responde a antifúngicos merece que alguien mire la piel.

Materiales y productos

Silicona médica

También: silicona de grado médico, platinum-cure

Material no poroso, hipoalergénico, sin sabor ni olor y esterilizable, considerado el estándar de seguridad en productos de bienestar íntimo. Al no ser poroso, no alberga bacterias en su superficie.

Una incompatibilidad que conviene recordar

La silicona reacciona con los lubricantes de silicona y degrada la superficie del producto. Con juguetes de silicona, lubricante de base agua. Y para limpiarlos, agua tibia y jabón neutro.

Ftalatos

Compuestos plastificantes utilizados para ablandar el PVC, presentes en productos íntimos de gama baja, a menudo descritos vagamente como «jelly» o «material similar a la piel». Estos materiales son porosos, no esterilizables y pueden desprender olor químico.

Qué mirar en la ficha

La Unión Europea restringe determinados ftalatos en juguetes y artículos de puericultura, pero los productos de bienestar íntimo no siempre están cubiertos por esa normativa. Una marca que declara abiertamente sus materiales y afirma estar libre de ftalatos está dando información que la que no lo hace probablemente no quiere dar.

Lubricante íntimo

Producto destinado a reducir la fricción durante la actividad sexual. Se distinguen tres tipos por su base: agua, silicona e híbridos.

Cómo elegir

Base agua: compatible con preservativos y con todos los materiales, fácil de limpiar, se reabsorbe y requiere reaplicación. Base silicona: mucha más duración, apto para el agua, compatible con preservativo, pero incompatible con juguetes de silicona. Híbridos: intermedios.

Conviene fijarse en la osmolalidad y el pH: fórmulas muy hiperosmolares pueden irritar la mucosa. Y descartar los que llevan glicerina si hay tendencia a candidiasis, o perfumes y efectos calor/frío si hay sensibilidad.

Nombrarlo es el primer paso. Habitarlo es el siguiente.

Este diccionario te da las palabras. La Guía del Placer Silencioso te da la práctica: cinco rituales de reconexión con tu cuerpo —contexto y estrés, deseo receptivo, mapa sensorial, comunicación— y un sexto dedicado al suelo pélvico. Catorce páginas, gratis, en PDF.

Quiero la guía

De dónde sale todo esto

Basson, R. The Female Sexual Response: A Different Model. Journal of Sex & Marital Therapy. — Deseo receptivo y modelo circular.

Bancroft, J. y Janssen, E. The dual control model of sexual response. Neuroscience & Biobehavioral Reviews y Journal of Sex Research. — Aceleradores y frenos.

O'Connell, H. E. et al. Estudios de anatomía del clítoris. Journal of Urology. — Estructura interna completa.

American Psychiatric Association. DSM-5-TR, y Organización Mundial de la Salud, CIE-11. — Unificación de vaginismo y dispareunia en el trastorno de dolor génito-pélvico y de la penetración.

Portman, D. J. y Gass, M. L. S. Genitourinary syndrome of menopause. Consenso ISSWSH / NAMS, revista Menopause. — Definición del SGM.

Nagoski, E. Come As You Are. Publicado en español como Tal como eres. — Divulgación del doble control y de la excitación no concordante.

Las cifras de prevalencia que aparecen en este diccionario varían de forma notable entre estudios según la definición empleada y la población analizada. Se recogen como órdenes de magnitud, no como datos exactos.

Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye la consulta con un profesional sanitario. Alcoba Cómplice es una tienda de bienestar íntimo, no un centro sanitario. Si tienes síntomas —dolor, sangrado, picor persistente, pérdidas de orina, sensación de bulto— acude a tu médica de familia, a tu ginecóloga, a tu matrona o a una fisioterapeuta especializada en suelo pélvico.