Sales del hospital con un bebé y con una lista de cosas que nadie te explicó. Una de ellas es que tu suelo pélvico ha pasado nueve meses sosteniendo peso y, si hubo parto vaginal, una distensión de la que no se recupera solo por dejar pasar el tiempo.
La frase que más se repite en las consultas de fisioterapia es esta: «me dijeron que se me pasaría». A veces se pasa. Muchas veces no.
Lo que de verdad ha ocurrido ahí abajo
Durante el embarazo, el suelo pélvico sostiene un peso creciente durante meses, en un cuerpo con más laxitud de la habitual por los cambios hormonales. Eso ya supone una carga, con parto vaginal o sin él: las cesáreas también necesitan valoración, aunque se repita lo contrario.
Si hubo parto vaginal, se suma la distensión del canal, y con frecuencia un desgarro o una episiotomía. Y después viene el posparto real: cargar al bebé, cargar el carrito, dormir mal, y un abdomen que quizá tenga diástasis y no esté ayudando a repartir presiones.
Nada de esto es una queja. Es una descripción de por qué esa musculatura necesita un plan, igual que lo necesitaría una rodilla después de una lesión.
Señales que conviene no normalizar
Hay cosas que se dan por hechas después de tener un hijo y que no deberían darse por hechas:
- Escapes de orina al toser, estornudar, reír o coger peso.
- Urgencia repentina, o ir al baño «por si acaso» constantemente.
- Sensación de peso o de bulto en la zona vaginal, sobre todo al final del día.
- Dolor en las relaciones cuando las retomas.
- Dificultad para retener gases.
- Dolor lumbar que apareció después del parto y no se va.
Que sea frecuente no significa que sea normal. Frecuente y normal no son la misma palabra, y esa confusión hace que muchas mujeres esperen años antes de consultar.
Cuándo empezar: los tres tiempos
Semanas 0 a 6: reposo activo
No se entrena. Se cicatriza. En esta fase lo único recomendable es respirar bien y evitar aumentar la presión sobre la zona.
Eso significa: espirar al hacer cualquier esfuerzo en lugar de aguantar la respiración, no hacer fuerza al ir al baño (un taburete bajo los pies cambia el ángulo y ayuda), evitar cargar peso más allá del bebé, y no meter tripa de forma permanente. Meter tripa empuja hacia abajo, justo donde no interesa.
Nada de bolas chinas, nada de Kegel intensivos, nada de abdominales. Ni aunque te sientas bien.
Semanas 6 a 8: la valoración
La revisión ginecológica de las seis semanas comprueba que la cicatrización va bien. No es lo mismo que una valoración de suelo pélvico, y conviene saberlo: son dos cosas distintas y la segunda casi nunca se ofrece de oficio.
Pide cita con una fisioterapeuta especializada en suelo pélvico. En esa consulta se valora el tono, la fuerza, la coordinación, si hay puntos de dolor y si hay diástasis abdominal. De ahí sale tu plan concreto, que puede ser fortalecer, relajar, o las dos cosas en un orden determinado.
Este paso no es opcional y te explicamos por qué en el siguiente punto.
A partir de la valoración: entrenar lo que toque
Con el alta y con un diagnóstico, ya se puede trabajar. Sin diagnóstico, no.
Por qué no puedes saltarte la valoración
Porque el suelo pélvico puede fallar por dos motivos opuestos, y el tratamiento de uno empeora el otro.
La hipotonía es debilidad: el músculo no sostiene. La hipertonía es lo contrario: musculatura permanentemente contraída que no sabe soltar. Y aquí está el problema: los dos provocan escapes de orina, porque un músculo agotado tampoco responde cuando hace falta.
En un posparto con desgarro, episiotomía o cicatriz dolorosa, la hipertonía es más frecuente de lo que se cree: el cuerpo protege la zona contrayendo. Si en ese escenario te pones a hacer Kegel a destajo, estás tensando un músculo que ya no sabe relajarse, y el dolor aumenta.
Lo desarrollamos en cómo distinguir un suelo pélvico débil de uno demasiado tenso. Si has intentado Kegel y no notas mejora, léelo antes de insistir.
Cuando ya puedes entrenar
Si la valoración confirma que lo que necesitas es ganar tono, las bolas de Kegel son una herramienta útil por dos motivos: te dan retroalimentación —notas si estás trabajando o no— y hacen más fácil la constancia, que es donde falla casi todo el mundo.
En posparto, tres reglas:
- Empieza por el peso más ligero. Entre 28 y 40 gramos, bola única y grande. Cuanto más grande, más fácil de sostener.
- Quince minutos al día, haciendo vida normal. No más.
- Usa lubricante de base agua en abundancia. Si estás dando el pecho, los niveles de estrógenos son bajos y la sequedad es habitual. No es un problema tuyo, es fisiología.
Sobre modelos: las Je Joue Ami son un set de tres pesos crecientes, así que empiezas por la más ligera y subes sin comprar nada más. Las LELO Luna Beads Noir combinan dos pesos en un aplicador y son el clásico si vas a hacer una progresión larga. Y la LELO Luna Smart Bead lleva un sensor que mide tus contracciones y te guía: es la que tiene más sentido si ya intentaste los Kegel por tu cuenta y no notaste nada, porque casi siempre el fallo está en la técnica y no en el esfuerzo.
El paso a paso completo está en la guía de bolas chinas.
Cuánto tarda en notarse
Entre seis y doce semanas de práctica regular, según los estudios sobre entrenamiento de suelo pélvico. En posparto puede ser algo más, sobre todo si hubo desgarro.
Cualquiera que te prometa resultados en una semana te está vendiendo algo.
Cuándo no esperar
Consulta sin dejarlo pasar si notas un bulto que asoma en la entrada vaginal, dolor pélvico que no cede, sangrado fuera de lo esperado, incontinencia fecal, o si aparece fiebre o mal olor en la cicatriz.
Eso es consulta médica, no fisioterapia en primera instancia.
Y una última cosa
El posparto viene con mucha gente opinando y poca información útil. Si algo te preocupa, no es exageración. Y si llevas años con escapes porque te dijeron que era normal, sigue mereciendo la pena consultar: el suelo pélvico se puede trabajar también cinco años después.
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Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. En el posparto, no inicies ningún entrenamiento sin el alta médica y, preferiblemente, sin una valoración de suelo pélvico.